Un poema

Señor, mientras separo unos esquejes
el ciprés me habla de vos desde el jardín.
Me ha descrito la pena que te invade
en las mañanas de los días nublados.
“A veces”, me dice, “un pensamiento triste
lo oscurece hasta volverse espanto”.

(un terror recala mi alma cuando el viento
mueve su augusto ramaje hacia mi rostro)

¡Ay, Señor, no alcanzo a sufrir del sol
su corona de fuego ni la tibia
frescura del rocío desanda mis temores!
Cierro los ojos para verte, para
verte dejo de mirar hacia vos.

(sus rasguños hacen sangrar mi mejilla
hasta manchar la fuente brocada)

En el gazebo parece suspendida la vida
y de tu sombra perfecta me separa
el ciprés.

 

 

Imagen: El alma perdida -Cristina García Rodero

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