Servidumbre del amor

Servidumbre humana (Of Human Bondage, 1915) de Somerset Maugham fue llevada al cine en 1934 por John Cromwell. Protagonizada por Bette Davis y Leslie Howard, es una de las películas más complejas de la edad de Oro del cine estadounidense. Este fin de semana releí la novela y la encontré mucho mejor aún que la película. Y es que las primeras impresiones están nubladas por las vivencias del momento y, en esta oportunidad, la mía está matizada con más experiencia de vida.

Tengo dos breves comentarios sobre la trama, y creo por esto que se convierte en una obra maestra del drama psicológico:

1) Ella (Mildred) es estúpida, ignorante, falsamente simpática y, sin embargo suscita en Él (Philip) un amor sumiso. Al ser prácticamente perseguida por ese hombre, sediento de su reconocimiento, lo desprecia y se embelesa en una posición de poder absoluto. A él le gusta la rubia que no le da bola, la que se entrega a todos pero a él lo desprecia (sería el resumè vulgar). Es la puta ama, no porque haga méritos sino porque encontró a un esclavo perfecto. Cosas del amor no correspondido. No es histeria, por cierto. Y, de paso, personaje perfecto que se adelanta a lo que Arendt llamará luego banalidad del mal.

2) Mildred y Philip encarnan lo que Hegel desarrolla como Dialéctica del Amo y del Esclavo. Es lo que analiza Kojève décadas más tarde: desear el deseo del otro. El resultado en este tipo de vínculo es que mientras más deseo tiene el esclavo de estar cerca de su amo, más rechazo del amo consigue y, así, hasta el infinito. Esto sólo puede quebrarse cuando el esclavo arriesga la vida para conseguir su libertad. Sólo así sería posible que las Mildred y los Philip de este mundo disuelvan vínculos tan enfermizos. ¿Acaso querrían mejorar?

Cuando me hablan de la complejidad de las relaciones amorosas actuales, recuerdo esta ficción. Pero no se trata de histeria sino de un sadismo que sólo puede hacer daño en la medida en que haya gente dispuesta a desear el deseo del otro y olvidarse del suyo. Enamorarse de las personas, no de la idea del amor, aliviaría mucho. Pero el síntoma sigue siendo el síntoma…

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